No tientes mi autoridad en mi territorio, esta es mi casa y puedo ser cruel, despiadado si la faltas; no me tientes que detrás de estos lentes puedo observar bien tus intenciones, tu desgracia, tu maldad, no me obligues a igualarme a ti que puedes arrepentirte.
Eres un perro de paja tratando de sorprender a todos con una prepotencia inútil y estúpida, a dónde crees que vas diciendo que eres mejor que todos, el hablador peca al decir sin querer sus debilidades.
Todo este tiempo me he mantenido en silencio, soportando tu comportamiento nada inteligente, intentando tratarte como un ser civilizado; ¿ahora vienes a mi casa intentando humillarme?, deberías haber sabido a lo que te atienes cuando llegas a un límite y traspasas la línea del respeto a mi hogar y a mi paciencia.
Y el
silencio fue lo único que se escuchó después de eso.









Siempre tengo en el cajón la canción que me ayuda a reprimir mi instinto asesino, la tengo guardada junto a tu foto y al pañuelo que limpió mis huellas en tiempos pasados que se extinguieron, que se fueron dejando un olor a algo que, después de todo, pienso no fue tan bueno, por lo menos no tan bueno como lo es hoy.
Sin embargo tengo claro que no por eso dejaré de hacer lo que tengo que hacer, siempre el deber de nunca manchar tu nombre tal cual me lo enseñaron aquellos sabios hombres de antaño, tengo claro que las deudas se pagan hasta el último centavo.
Lo tengo claro, así que tranquila, no desesperes que solo me queda una deuda pendiente, solo una y después de eso nos largaremos de este lugar a construir el paraíso que tanto soñamos. 






