lunes, 25 de junio de 2012

El Hijo de la Novia (2001): Sin retorno

 


La vida es una aventura sin retorno donde conoces a personas que se convierten en algo importante por un tiempo, existen otras que se quedan por siempre. He mirado una película un fin de semana en el que me he sentido solo y he extrañado momentos que quedaron en un pasado lejano, en aquel verano inolvidable.


Hay películas que logran tocar tu alma, que te sumergen en una catarsis que dura por un par de horas y te identificas con algún Ricardo Darín llorando sobre el hombro de su mamá o te hacen esbozar alguna sonrisa cuando ves alguna escena bajo  la lluvia cuando esperaste aquella noche por tu chica.


El hijo de la novia es una película deliciosa que te hace entender o revalorar el significado de querer a la gente que está cerca de ti, a tu familia, a tu chica, a tus amigos, no los dejes, no te olvides nunca de marcar aquel número y decir lo mucho que te importa porque la vida es una aventura sin retorno que no sabes cuándo puede terminar.


lunes, 18 de junio de 2012

El secreto de sus ojos (2009): Échale la culpa a la cebolla

Voy a tratar de ser breve. Hay un par de imágenes que hacen de esta película un rastrillo para el corazón. Precisamente Irene, la doctora, empieza a burlarse de esto (como un mecanismo de defensa). Soñé que un tren partía y nos dejaba a los dos como dos puntos sobre un plano. En el futuro no habrían líneas ni curvas que pudieran volvernos a juntar. Y al partir, el tren hizo lo que hizo: nos partío en dos lo que cobardemente no volví en uno.



"Solamente me quedaré a pagar esa llamada al servicio internacional". Vi como poco a poco, nuestros distritos se volvieron países, y nuestros horarios una desprolija diferencia horaria. Vi como poco a poco, todo se fue como en la lluvia por el sumidero. Fue la mala suerte tal vez. Pero, como Benjamín que posterga todo, te vi acercándote como esa mala llamada, para decirme solamente me iba de tí.



lunes, 11 de junio de 2012

The Last Temptation of Christ (1988): Soñar



Estamos en medio de un sueño tú y yo, entre lo que imaginamos construir algún día y la promesa de ser el mejor, por qué cargar en mi espalda tanta responsabilidad si no la quiero, soy buena persona y tú lo sabes, ¿es tan difícil entender que solo deseo construir una casa, tener hijos y verla a ella cada mañana?


No quiero meterme con nadie, no quiero hacer daño a nadie, no quiero que me recuerden ni que mis recuerdos sean ejemplo para futuras generaciones, no quiero nada de eso, solo quiero ser feliz.


Estoy herido en un costado, la cruz que he llevado conmigo ahora une a un pueblo entre injusticias y mala moral, lo he visto en nuestro sueño y ahora te cuestiono como buen mortal que se embarro en el lodo: ¿valió la pena?


Tú lo sabes todo, yo lo sé, pero por qué ahora que estoy sentado a tu costado me siento tan solo, el llanto en aquel monte fue porque tenía miedo, dudas y sueños de querer tener un jardín como todos los demás, me hiciste hombre, lo siento, no soy tú….me miraste con tus ojos llenos de sabiduría y tuve que dejar de soñar, tal vez algún día todo este dolor cese al ver que sí valió la pena resucitar.



lunes, 4 de junio de 2012

Good Will Hunting (1997): Hamburguesa doble.


Me dicen que la vieron llorar cuando despegó el avión. Que su nariz besó la niebla en el vidrio y que tras el vidrio había un manto gris que se extendía lejos de mi.
Me dicen que la noche anterior, antes de subirse al avión, me llamó. Que todo estaba bien, le había dicho al contestador. Y me dicen que al final de la calle, tras las rejas que me separaban de ella, una lágrima dejo un rastró invernal.


Me dicen que fui y que soy un tarado. Que a las once y media sigo perdido entre las frazadas que me separan de la calle, del libro, de las cuentas, de Dios y del curso de la vida. Me dicen que no valgo, a diario. Y me lo dicen las miradas. Me dicen que tras el muro, en cambio, estoy peleando aún.


Me dicen que se ha olvidado de mi. Eso si lo sabía. Que se ha olvidado de mi como todos los apuntes que le compartía. De como la vida, entre tantas columnas, se nos derrumbó para vivir en las ruinas. De como la ciudad nos separaba los unos de los otros. Y los otros eran lo que realmente era uno.


Ese invierno fue malo. Pero no tanto como quisiera. Hemos pasado una vida diciendonos que la respuesta estaba al final del libro, pero mis verdaderos amigos arrancaron esa página. Qué pesado, qué tonto, volver a ser yo. Y vuelvo a ser yo, aunque no quiera, aunque no quieras, aunque no quieran. Vuelvo a ser yo.